jueves, 11 de septiembre de 2014

Averiguando cosas que nadie sabe

Hace poco leí un libro que me llamó mucho la atención por cómo se trabajan los sentimientos de los personajes de la novela. Su autor es Alessandro d'Avenia y la novela se titula Cosas que nadie sabe, que se publicó el año pasado.


Conocí la obra de Alessandro d'Avenia a través de mi trabajo en el Departamento de Lectura del Colegio en el que estudié. Entre los libros de las listas de lecturas recomendadas estaba la novela Blanca como la nieve, roja como la sangre y decidí leerla porque no me dejó indiferente el título. Una vez acabé la novela, descubrí que Alessandro d'Avenia tenía otro libro publicado: Cosas que nadie sabe, que decidí leer también.

Cosas que nadie sabe narra la historia de Marguerita, una joven italiana de 14 años, a la que la vida le da un vuelco en muy poco tiempo: se cambia de instituto, su padre se marcha de casa... Situaciones complejas que se unen y le hacen reaccionar para lograr la estabilidad que tanto ansía.

Alrededor de Marguerita hay varios personajes clave (familia, amigos y un profesor) que forman parte de un engranaje, de un puzzle que se ha de formar para alcanzar dicha estabilidad.

La familia (sus padres, su hermano y su abuela) forman una parte, pero deben estar unidos para que funcione. Marguerita encontrará un apoyo muy importante en su abuela Teresa (una anciana siciliana que habla mediante frases hechas de su tierra natal), que se convierte en el sostén de la familia en estos momentos tan críticos para todos. Eleonora, la madre, se encuentra sola ante la situación que se le ha venido encima, sin saber cómo reaccionar. Encuentra apoyo en su madre (Teresa) y en la madre de Marta (la nueva amiga de su hija). Alessandro, el padre, está muy unido a su hija, tanto que, para ella, el mundo sin él parece carecer de sentido y hará lo imposible para que su mundo recupere ese sentido cuando su padre se marcha de casa. Andrea, su hermano pequeño, vive con desconcierto cómo los demás actúan, ve el mundo desde el punto de vista de un niño pequeño.

Sus amigos (Marta y Giulio), a los que conoce en el nuevo instituto, también forman parte de ese engranaje. Marta hará que haya un poco de alegría en la vida de Marguerita, introduciéndola en su familia y en el mundo del teatro. Su amiga logra que, por momentos (a lo largo de toda la novela) olvide su dolor y mire el mundo de otra manera. Giulio es huérfano, lleno también de miedos e inseguridades, con fama de ser un chico difícil pero con un gran corazón. Sintoniza enseguida con Marguerita y no duda en ayudarla en el momento más decisivo de la novela, cuando la protagonista decida ir en busca de su padre para cerrar el puzzle que compone su vida.

Su profesor es una persona pusilánime, que no sabe encauzar su vida, pero se vuelca en su profesión y trata de transmitir su pasión por los libros a sus alumnos. Está enamorado de su novia, que tiene un librería, pero no se atreve en avanzar en el noviazgo. Al final de la novela, gracias a Marguerita, se dará cuenta de sus errores y tratará de subsanarlos.

Como podéis ver, el autor bucea en las inquietudes de todos y cada uno de los personajes, en especial en las de Marguerita, su madre, Giulio y el profesor en una novela que habla a cuatro bandas, según la perspectiva de cada uno de esos personajes. Avenia busca que veamos los sentimientos de cada uno (alegrías, penas, miedos, inseguridades...) y la verdad es que lo hace de una manera que te puedes meter en cada uno de los personajes citados y encontrar el porqué de su forma de actuar o pensar, qué es lo que lleva al personaje a hacer o pensar esto o aquello a lo largo de la novela.

Lo que más me gusta de la protagonista es que se empeña en juntar las piezas de ese puzzle que es su vida, quiere que todo cuadre para poder darle un sentido a todo lo que le sucede y a su vida. Lucha por ello sin cansarse, sin rendirse ante los imprevistos, porque tiene una fortaleza y una voluntad que la impulsan a seguir.

Cosas que nadie sabe es una novela para jóvenes, pero no estaría de más que la leyeran los adultos porque, de esta manera, podemos acercarnos más a los jóvenes, conocerlos mejor y ver cómo sienten y viven todo lo que les rodea. A veces, al crecer, nos olvidamos que las generaciones que vienen detrás nuestro, que también deben ser cuidadas y comprendidas.

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